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Menos impuestos, más negocio

Menos impuestos, más negocio: por qué cada vez más empresarios españoles se mudan a otras jurisdicciones europeas

En los últimos años, España se ha convertido en uno de los países con mayor presión fiscal efectiva para autónomos, profesionales digitales y pymes en crecimiento. IRPF progresivo, cotizaciones elevadas, pagos fraccionados, impuestos anticipados y una burocracia cada vez más compleja hacen que muchos empresarios trabajen más para Hacienda que para ellos mismos.

El problema no es pagar impuestos.
El problema es pagar más de lo que legalmente corresponde por falta de planificación.

Cada vez más empresarios españoles están entendiendo una realidad incómoda pero inevitable:
el sistema fiscal español no está diseñado para favorecer el crecimiento empresarial, sino la recaudación inmediata.

Por eso, una tendencia clara se está consolidando en toda Europa:

·       Empresas españolas que operan internacionalmente

·       Negocios digitales que no dependen del territorio

·       Profesionales que facturan servicios fuera de España

·       Pymes familiares que buscan proteger patrimonio y reinvertir

Todos ellos están moviendo su estructura empresarial —no su vida personal— a jurisdicciones alternativas, más eficientes, estables y previsibles.

No se trata de irse de España, sino de estructurarse mejor

·       Uno de los grandes mitos es pensar que optimizar fiscalmente implica:

·       Mudarse físicamente

·       Esconder dinero

·       Asumir riesgos legales

Nada más lejos de la realidad.

La mayoría de estrategias modernas de planificación fiscal se basan en:

·       Sociedades en otros países europeos

·       Uso correcto de convenios de doble imposición

·       Separación entre residencia personal y residencia empresarial

·       Fiscalidad empresarial más baja y clara

·       Cumplimiento normativo estricto

Es decir: legalidad, transparencia y estrategia.

El error más común: confiar en que “tu gestor ya lo mira”

Muchos empresarios españoles descubren demasiado tarde que:

·       Su gestor solo presenta impuestos

·       Nunca ha planteado alternativas

·       No analiza estructuras internacionales

·       No trabaja con visión empresarial, sino administrativa

Aquí es donde el mensaje de José Bartomeu (Bartü) ha conectado con miles de personas:
no estás pagando mucho porque ganes mucho, estás pagando mucho porque estás mal estructurado.

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Europa ofrece oportunidades que España no comunica

Existen países dentro de la propia Unión Europea que ofrecen:

  • Impuesto de Sociedades significativamente más bajo
  • Mayor flexibilidad para reinversión
  • Menos anticipos y pagos fraccionados
  • Menor presión administrativa
  • Entornos pro-empresa reales

Y lo más importante:
son jurisdicciones reguladas, seguras y compatibles con España.

La pregunta ya no es si se puede hacer, sino:

¿por qué sigues pagando como si no existieran alternativas?

Elusión o evasión de impuestos: si sabes la diferencia, ganas pasta

En España se ha instalado una idea muy peligrosa: que cualquier intento de pagar menos impuestos es sospechoso. Esta percepción no es casual. Durante años se ha mezclado de forma interesada el concepto de evasión fiscal, que es ilegal, con el de elusión fiscal, que es completamente legal y forma parte de la gestión empresarial responsable.

La evasión fiscal implica ocultar ingresos, falsear información o simular operaciones que no existen. Es un delito y nadie serio trabaja con este tipo de prácticas. La elusión fiscal, en cambio, consiste en organizar la actividad económica de la forma más eficiente posible dentro del marco legal, eligiendo la estructura adecuada y la jurisdicción correcta antes de facturar.

La clave está en una frase muy simple:
no se trata de esconder dinero, sino de declarar correctamente dónde corresponde.

Las grandes empresas no pagan menos impuestos porque hagan trampas. Pagan menos porque planifican. Analizan dónde operar, cómo estructurar su negocio y qué normativa les resulta más eficiente. Utilizan sociedades, filiales, holdings y convenios internacionales exactamente igual que permite la ley. Lo que para una multinacional es normal, para un autónomo o una pyme en España suele presentarse como algo “arriesgado” o “peligroso”.

El verdadero problema no es Hacienda, sino la ausencia de planificación. Cuando un negocio crece sin estructura, cuando se factura todo desde España sin analizar alternativas o cuando se toman decisiones fiscales a última hora, el resultado es siempre el mismo: se paga más de lo necesario y se vive con miedo. Miedo a facturar más, miedo a cambiar, miedo a preguntar.

Ese miedo fiscal es uno de los impuestos ocultos más caros para el empresario español. Hace que muchos negocios renuncien a crecer, a internacionalizarse o a reinvertir, simplemente para no “llamar la atención”. Y mientras tanto, otras empresas, perfectamente legales, avanzan, optimizan y acumulan ventaja competitiva.

Por eso Bartü insiste tanto en este punto: si sabes diferenciar entre elusión y evasión, ganas dinero. No porque dejes de cumplir, sino porque empiezas a entender que pagar impuestos sin estrategia no es una virtud, es una mala gestión.

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¿Te vas a unir a la marea de empresas que hacemos elusión fiscal?

En silencio y lejos de los titulares, se está produciendo un cambio profundo en la forma en la que muchos empresarios españoles gestionan sus negocios. No es una moda ni una tendencia pasajera: es una respuesta lógica a un sistema fiscal que penaliza el crecimiento y castiga especialmente a quienes reinvierten y generan valor.

Cada vez más empresas han entendido que seguir haciendo “lo de siempre” ya no es una opción. Facturar todo desde España, asumir una carga fiscal creciente y aceptar sin cuestionar lo que dicta un gestor tradicional es una receta segura para estancarse. Frente a eso, surge una marea de empresarios que deciden estructurarse mejor, anticiparse y jugar con las reglas que la propia ley permite.

No hablamos solo de grandes compañías. Esta marea incluye autónomos digitales, consultores, agencias, e-commerce, empresas familiares y pymes que han superado un umbral claro: ya generan ingresos suficientes como para que la planificación fiscal marque una diferencia real en su cuenta de resultados.

El punto de inflexión suele ser el mismo. Llega un momento en el que el empresario se da cuenta de que trabaja más horas, asume más riesgo y, sin embargo, ve cómo una parte desproporcionada de su esfuerzo se va en impuestos. No porque haya hecho algo mal, sino porque nadie le enseñó a estructurarse bien desde el principio.

Aquí es donde entra la elusión fiscal legal. No como un atajo, sino como una decisión estratégica. Elegir dónde ubicar la sociedad, cómo facturar los servicios, cómo gestionar los beneficios y cómo reinvertirlos no es una cuestión ideológica, es una cuestión empresarial. Quien no toma estas decisiones, las deja en manos del sistema, y el sistema siempre elige recaudar más.

Desde Regulated Europe, junto a José Bartomeu, vemos este proceso una y otra vez. Empresas que pasan de sobrevivir a planificar. Empresarios que dejan de tener miedo y empiezan a tener criterio. Negocios que, sin cambiar su actividad ni su mercado, consiguen reducir drásticamente su carga fiscal y ganar estabilidad a largo plazo.

La pregunta, por tanto, no es si esta marea existe. La pregunta es si vas a seguir observándola desde la orilla o si vas a formar parte de ella. Porque mientras unos siguen pagando sin preguntar, otros avanzan con estructura, legalidad y visión de futuro.

 

Gestores Chungos: la saga que ha despertado a miles de empresarios

Pocas cosas han generado tanta identificación entre empresarios españoles como la saga de “Gestores Chungos” de Bartü. Y no es casualidad. Detrás del tono directo y provocador hay una realidad incómoda: gran parte de los negocios en España están mal asesorados, no por mala fe, sino por un modelo de gestoría completamente obsoleto.

El gestor tradicional cumple una función administrativa: presenta impuestos, rellena modelos y se asegura de que todo llegue a Hacienda a tiempo. El problema surge cuando ese mismo gestor se convierte, de facto, en el único consejero fiscal del empresario. Ahí es donde empiezan las frases que muchos reconocen al instante: “eso no se puede hacer”, “mejor no tocar nada”, “si ganas más, paga más” o “Hacienda somos todos”.

Estas respuestas no suelen basarse en un análisis real del negocio, sino en comodidad, miedo o falta de conocimiento internacional. No hay mala intención, pero sí una consecuencia clara: el empresario se queda sin alternativas. Nadie le explica que existen otras jurisdicciones, que hay convenios de doble imposición, que una sociedad extranjera bien estructurada es legal o que seguir como autónomo puede ser un error estratégico.

La saga de Gestores Chungos ha puesto palabras a una frustración colectiva. Empresarios que llevan años pagando cada vez más, sin entender por qué, y que solo reciben silencio o evasivas cuando preguntan cómo mejorar su situación. Bartü lo resume de forma muy clara: si tu gestor te habla así, tienes dos opciones. O lo consientes, o empiezas a buscar ayuda real.

Desde Regulated Europe vemos este patrón constantemente. Negocios con potencial que nunca han sido analizados desde una perspectiva estratégica. Estructuras que se montaron “porque era lo normal” y que nunca se revisaron cuando el negocio creció. Decisiones importantes tomadas sin información suficiente, simplemente por seguir inercia.

Un buen asesor no solo presenta impuestos. Hace preguntas incómodas, plantea escenarios y te obliga a pensar a medio y largo plazo. Te explica riesgos, pero también oportunidades. Y, sobre todo, entiende que pagar impuestos sin estrategia no es prudencia, es dejadez empresarial.

La saga no va de señalar culpables, va de despertar criterio. Porque cuando el empresario entiende que puede —y debe— exigir algo más que trámites, empieza el verdadero cambio.

Autónomo vs empresa en Estonia: por qué seguir como autónomo suele salir caro

Ser autónomo en España tiene sentido al principio. Para arrancar, probar una idea o facturar poco, vale. Es una figura simple y rápida. El problema es que mucha gente se queda ahí cuando el negocio ya va en serio. Y ahí es donde empieza el castigo.

El autónomo tributa por todo lo que gana, no por lo que realmente necesita para vivir. En cuanto los ingresos suben, el IRPF progresivo aprieta sin piedad. Cuanto mejor te va, más pagas, y cada euro adicional duele más. No hay planificación real, no hay margen y reinvertir se vuelve casi un lujo.

Aquí es donde entra la empresa en Estonia (OÜ), que juega en otra liga. No porque sea “exótica”, sino porque está pensada para negocios modernos: digitales, internacionales, escalables. La diferencia clave es simple y de toda la vida: la empresa es una cosa y tú eres otra.

La OÜ no paga impuestos por facturar, paga impuestos cuando reparte beneficios. Mientras el dinero se queda dentro de la empresa y se reinvierte, la tributación es del 0%. Eso cambia completamente las reglas del juego. Ya no estás obligado a sacarlo todo a tu cuenta personal y pagar como si lo hubieras gastado.

En la práctica, esto permite algo básico pero poderoso: planificar. Decidir cuándo cobrar, cuánto repartir, cuándo reinvertir. Gastos gestionados con lógica empresarial, no con miedo a Hacienda. Y además, una estructura clara, ordenada y entendible para trabajar con clientes internacionales, plataformas de pago y partners.

Esto no va de vender humo. En el día a día se ve lo mismo una y otra vez: autónomos pagando impuestos como si fueran grandes empresas… pero sin ninguna de sus ventajas. Mucho esfuerzo, mucha factura, cero estrategia.

Ahora bien, tampoco se trata de abrir una empresa en Estonia porque sí. No todos los negocios encajan, y hacerlo sin análisis es tan mala idea como seguir de autónomo cuando ya no toca. La pregunta correcta no es “¿autónomo o empresa?”, sino qué estructura, en qué país y para qué tipo de negocio.

Desde Regulated Europe el enfoque es el de siempre, el clásico que nunca falla: números, actividad real, clientes, proyección. Primero se entiende el negocio y luego se construye la estructura. Al revés, nunca. Porque una empresa bien montada es una herramienta brutal. Mal planteada, es solo otro problema más.

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¿Qué “paraíso fiscal” prefieres? Spoiler: no todos son paraísos

Hablar de “paraísos fiscales” sigue generando reacciones viscerales en España. El término se ha utilizado durante años para mezclar realidades muy distintas y, sobre todo, para infundir miedo. Sin embargo, la mayoría de empresarios que optimizan su fiscalidad no operan en paraísos fiscales, sino en jurisdicciones plenamente reguladas, muchas de ellas dentro de la propia Unión Europea.

El verdadero debate no es si un país tiene impuestos más bajos, sino si ofrece seguridad jurídica, estabilidad normativa y un marco claro para hacer negocios. Existen jurisdicciones donde la fiscalidad empresarial es más eficiente, la administración es más predecible y las reglas del juego no cambian cada año. Eso no las convierte en paraísos, las convierte en competitivas.

Bartü suele plantear esta cuestión de forma directa: la pregunta no es dónde se pagan menos impuestos, sino dónde tiene sentido estructurar tu negocio. Un e-commerce no tiene las mismas necesidades que una consultora, ni una agencia digital funciona igual que una empresa industrial. Cada actividad tiene su encaje natural en determinados países, siempre que exista sustancia real y coherencia económica.

Uno de los grandes errores es pensar que basta con abrir una sociedad en el extranjero y seguir operando igual. Las estructuras bien diseñadas requieren análisis, justificación y cumplimiento. No se trata de mover una placa en la puerta, sino de entender dónde se genera el valor, desde dónde se gestionan los servicios y cómo se relacionan las distintas partes del negocio.

Desde Regulated Europe trabajamos únicamente con jurisdicciones reguladas y compatibles con la normativa española y europea. Países con convenios de doble imposición, marcos legales claros y prácticas aceptadas internacionalmente. La optimización fiscal no puede basarse en atajos, sino en estructuras sólidas que resistan el tiempo y cualquier revisión.

La realidad es sencilla: no todos los países ofrecen las mismas oportunidades, y elegir mal puede ser tan perjudicial como no elegir. Por eso, más importante que el país es el diseño. Cuando la estructura es correcta, la fiscalidad deja de ser un problema y se convierte en una herramienta al servicio del crecimiento.

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¿Rekomiendas SL de España? Depende… y eso es lo importante

Una de las preguntas más repetidas es si tiene sentido crear o mantener una sociedad limitada en España. Muchos esperan una respuesta simple, un sí o un no rotundo. Sin embargo, la única respuesta profesional y honesta es depende. Y ese “depende” no es evasivo, es precisamente donde empieza el buen asesoramiento.

Depende del tipo de actividad, del volumen de ingresos, de dónde están los clientes, de cómo se genera el valor y de qué se quiere hacer con los beneficios. No es lo mismo una empresa local que una que opera internacionalmente, ni un negocio físico que uno digital. Tratar todas las situaciones con la misma solución es uno de los errores más caros en fiscalidad.

En algunos casos, una SL española bien gestionada puede ser una opción válida. En otros, supone seguir sometido a una presión fiscal elevada, a una burocracia pesada y a una normativa cambiante que dificulta la planificación a medio plazo. El problema no es la SL en sí, sino asumir que es la única alternativa posible.

Bartü insiste mucho en este punto porque lo ve constantemente: empresarios que crean una SL en España pensando que han dado un gran paso, pero que al poco tiempo se encuentran pagando casi lo mismo que como autónomos, con más obligaciones y menos flexibilidad. El error no fue crear la SL, sino hacerlo sin estrategia.

Desde Regulated Europe, el análisis siempre empieza antes de recomendar cualquier estructura. Se estudia el presente del negocio, pero también su proyección. Se valora si tiene sentido una sociedad española, una extranjera o una combinación de ambas. La planificación fiscal no va de copiar modelos, va de diseñar soluciones a medida.

Pedir para Navidad una consultoría, como dice Bartü, no es un capricho. Es una inversión en claridad. Entender si tu estructura actual tiene sentido o si está frenando tu crecimiento puede marcar la diferencia entre repetir los mismos problemas en 2025 o empezar el año con una estrategia sólida y alineada con tus objetivos empresariales y familiares.

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